La era de la perplejidad. Repensar el mundo que conocíamos

«El mundo como lo hemos creado es un proceso de nuestro pensamiento. No puede ser cambiado sin cambiar nuestro pensamiento.» Albert Einstein

Prólogo del libro

Este libro, La era de la perplejidad. Repensar el mundo que conocíamos, es el décimo de la serie anual que BBVA viene dedicando a la difusión del conocimiento sobre cuestiones fundamentales de nuestro tiempo.

Iniciamos esta serie a finales de 2008, coincidiendo con la primera edición de los Premios Fronteras del Conocimiento que otorga la Fundación BBVA, y que en estos años se han convertido en un referente a escala mundial. Para celebrar el lanzamiento de los premios, el primer libro se tituló así, Fronteras del conocimiento; en él, una veintena de grandes científicos y creadores de todo el mundo repasaban los últimos avances y las perspectivas de las diferentes disciplinas científicas y artísticas reconocidas por los premios. La acogida, muy favorable, de los primeros títulos nos llevó en 2011 a crear OpenMind (www.bbvaopenmind.com), una comunidad online para debatir, difundir y generar conocimiento. Gradualmente, OpenMind ha ido creciendo, de forma que hoy cubre un amplio espectro de materias: la ciencia, la tecnología, la economía y la empresa, el medio ambiente y la ecología, así como un variado conjunto de disciplinas sociales y humanísticas. Y lo hace mediante diferentes formatos: libros, artículos, posts, reportajes, infografías, vídeos, etc., con un peso creciente de los materiales audiovisuales. Todo ello está disponible de forma absolutamente libre, en español y en inglés.

Francisco González Presidente BBVA Group Executive Chairman
«Es responsabilidad de todos adaptar nuestra economía y nuestra sociedad a la revolución tecnológica»

En el período más reciente, otros sectores mucho más ligados al mundo físico, y que hasta ahora habían experimentado cambios notables pero no disruptivos, afrontan transformaciones mucho más radicales. Se trata de industrias muy consolidadas, sectores clave de la economía, como la salud, la educación, la energía, el transporte y la alimentación, a los que se suma la industria financiera.

En la mayor parte de los casos, estos cambios llegan al mercado traídos por nuevos competidores, más innovadores y ágiles. Esta oferta satisface mucho mejor las demandas de una oleada en rápido crecimiento de consumidores que han desarrollado nuevas necesidades y nuevos hábitos, en gran medida gracias al acceso a más y mejor información y a la superior conectividad que ofrece la movilidad inteligente.

Todo esto obliga a las empresas a reinventar la forma en que diseñan, producen y distribuyen productos y servicios, lo que promueve profundos cambios en las propias empresas y en las estructuras de sus sectores. Esto ya está ocurriendo incluso en industrias basadas por completo en activos materiales y en la atención física a los clientes, como la hotelera o la del transporte de personas. Airbnb o Uber nos muestran que la revolución tecnológica ya no tiene barreras de sectores.

Una herramienta que se está revelando muy poderosa para la disrupción de sectores muy consolidados es el desarrollo de plataformas muy apalancadas en tecnologías exponenciales (la computación en la nube, la conectividad móvil, el big data, la inteligencia artificial, blockchain, etc.) que cruzan la oferta y la demanda, poniendo en contacto a múltiples proveedores y clientes. Estas innumerables interacciones generan una cantidad ingente de datos, de información, que permite a su vez crear y distribuir productos y servicios con características nuevas para ofrecer a cada cliente una mejor experiencia.

Hoy, las cinco mayores compañías del mundo por capitalización bursátil (Apple, Google, Microsoft, Amazon y Facebook) son, básicamente, plataformas de este tipo.

Lo obvio y lo no-obvio del malestar contemporáneo

Antes que nada, una puntualización. Hay un tipo de malestar del que aquí no se hará cuestión: el descontento de las poblaciones que se han visto empobrecidas de hecho o de derecho debido a los sucesivos ajustes presupuestarios mediante los que algunas de las democracias más avanzadas han intentado hacer frente a la crisis de la deuda pública que estalló en 2008, a menudo avivado por los escándalos de «corrupción política» que han salido a la luz en ese mismo período; sentirse incómodo ante la inmoralidad de los cargos públicos o ante la injusticia, la pobreza o la desigualdad no es nada sorprendente, sino una reacción perfectamente natural y socialmente sana. Lo que sí requiere alguna reflexión es la conversión de esa reacción en malestar político o, mejor dicho, en malestar con y en la política. Hay un salto, que no es evidente ni inmediato, entre —digámoslo con esta imagen— experimentar indignación ante el empeoramiento de las condiciones sociales y estar dispuesto a otorgar el voto a un partido xenófobo o que cuestiona los marcos jurídicos de la democracia representativa, y ese «salto» es precisamente lo que me propongo analizar.

Por fortuna, la tecnología ofrece sistemas biométricos cada vez más seguros y económicos. Y es tarea de los gobiernos establecer formas de identificación universalmente aceptadas, que utilicen los avances tecnológicos para controlar el fraude (y, consiguientemente, facilitar y abaratar la extensión de los servicios financieros).

A los gobiernos, en colaboración con la industria y las ONG cuando ello sea apropiado, les corresponden también otras tareas: una, muy importante, es mejorar la educación financiera; otra, fortalecer las infraestructuras de pagos del país, y, por último, diseñar y aplicar una regulación adecuada, que proteja a los consumidores y, al mismo tiempo, permita a los proveedores invertir, competir e innovar.

Todas estas son tareas complejas, a veces pospuestas en favor de otras aparentemente más urgentes. Sin embargo, sus resultados son muy positivos. Por eso, cada vez ocupan un lugar más destacado en la agenda de muchos gobiernos de países emergentes y de las organizaciones multilaterales que se ocupan del desarrollo. Y el objetivo final ya no está lejos. El Banco Mundial se ha fijado la meta de conseguir la inclusión financiera universal para el año 2020. Aunque esta aspiración sea demasiado ambiciosa, existe una esperanza muy fundada de alcanzarla a lo largo de la próxima década.

Referencia

La era de la Perplejidad: Repensar el mundo que conocíamos. Madrid, BBVA, OpenMind, Penguin Random House Grupo Editorial.